Un juego de mesa se elige por tres datos que vienen impresos en la caja y por uno que no viene. Los impresos son número de jugadores, duración y edad. El que falta es el peso: cuánta cabeza hay que echarle. Es el que decide si el juego se queda en la estantería, y no lo pone nadie.
El rango de jugadores de la caja es el rango en el que el juego funciona, no en el que está bien. Un «2-4 jugadores» a menudo significa que a dos se juega, pero flojea: falta tensión, sobra tablero. Si vais a jugar casi siempre en pareja, busca juegos diseñados para dos en vez de juegos grandes que escalen hacia abajo. Con la duración pasa parecido: los minutos de la caja asumen que todos conocen las reglas. La primera partida, con explicación incluida, suele costar el doble.
Qué mirar según con quién juegues
En pareja: juegos pensados para dos (duelo, mano oculta, carrera por objetivos) antes que juegos de 4 recortados. Con niños de 6 a 8: que haya decisión real y no solo tirar el dado, partidas de 15-20 minutos y nada de leer párrafos. En grupo grande y con gente que no juega: reglas explicables en dos minutos, sin eliminación de jugadores y con partidas cortas que se puedan encadenar. Si os gusta competir poco: los cooperativos, donde todos vais contra el juego.
Lo que el marketing no te cuenta
El cooperativo tiene una trampa: si nadie lo evita, el jugador con más experiencia acaba dirigiendo los turnos de los demás. Los cooperativos buenos lo impiden por diseño, normalmente ocultando información a cada jugador. Las expansiones no arreglan un juego que no os gusta, lo alargan. El precio por partida importa más que el precio: un juego de 40 € que sacáis veinte veces sale mucho mejor que uno de 20 € que se abre una vez. Y el idioma de los componentes es un fallo caro y frecuente: hay ediciones importadas con cartas en inglés y caja en español. Si el juego depende de leer cartas, confirma el idioma antes de comprar.